jueves, 31 de agosto de 2017

LO PERSONAL SI ES LO PROFESIONAL: Pasos para una decisión ética en el trabajo con violencia

Por Alejandra Usabiaga del Moral


Cuando trabajo el tema de violencia, muchas veces me lleno de preocupación y angustia, sobre todo por la cantidad de aristas que incluye el tema y por las ganas de que todo salga bien y la persona violentada pueda estar a salvo, ayudada por la atención terapéutica, situación que normalmente tarda mucho en pasar, o en algunas ocasiones, no pasa.

Mercedes Martínez (2007), menciona que al trabajar con personas que viven violencia es importante tomar en cuenta el contexto y los valores, ya que las acciones de protección que se realicen deberán se acordes a éstos, aún y cuando ante los ojos de otras personas no sea lo esperado. Éste ha sido un principio que he intentado mantener presente, logrando entender que las decisiones que las personas toman ante una situación están relacionadas con su momento de vida y con lo que les es importante, muchas veces más allá de su propio bienestar. Sin embargo, en algunas ocasiones me he enfrentado al dilema de cómo atender los valores de algunas personas que me consultan, cuando las acciones de protección que se establecen pueden generar un nuevo tipo de violencia que no es vista por ellas mismas, o que se ve como un mal menor ante la situación problemática o de violencia que se vivía antes de “rescatar a la persona”, con lo cual pareciera que es justificable.

Mi dilema se ha visto exacerbado cuando en ocasiones he podido convertirme en “cómplice” de la violencia al no verla o ignorarla, al tener la posibilidad y responsabilidad de proteger a la persona que está siendo violentada y que, por lo general, no puede defenderse a sí misma por desigualdad en poder, como sucede con las/os niñas/os, las mujeres o personas vulnerables. Este tipo de situación es muy evidente cuando se trata de la madre que no puede ver que su hija/o está siendo molestada/o por su pareja, o la maestra que minimiza cuando alguna/o de sus alumnas/os está sufriendo de violencia por parte de sus compañeras/os.

Como terapeuta me he encontrado en situaciones en las que he podido llegar a ser cómplice de la violencia, cuando se está valorando alguna otra situación que también es importante para quien me consulta. En una publicación de Dulwich Centre, refiriéndose al artículo de Mercedes Martínez, los editores establecen que al “vernos involucradas/os en este tipo de dilemas de valores, cuando tratamos de tomar una decisión con base en una postura ética, una opción de conversación es poder nombrar el dilema ético, así como desempacar la historia detrás de este dilema y del conflicto (Yuen & White, 2007). Aún cuando esta guía la establecen para el trabajo como terapeutas con personas que viven violencia, en lo personal me ha ayudado a poder tomar una postura que va de acuerdo con mis valores al enfrentar problemas éticos como los que menciono.

Incluir el tema de Fracaso personal al realizar el análisis de mi postura ética en este tipo de casos, ha sido fundamental, por la visibilización que hace del poder y la ética, ya que como establece White (2004) es importante tomar en cuenta los aspectos políticos de la práctica terapéutica, y tomar una postura con respecto a la violencia.

Comparto un caso para  ejemplificar los pasos que me permiten tomar una postura política cuando me enfrento a un dilema ético como los que menciono:

Hace alrededor de 20 años, Juan[1], un pequeño de 5 años, me fue referido por su escuela debido a que presentaba conductas violentas constantes hacia sus compañeros/as: mordía y pegaba sin razón aparente, además de hacer berrinches, lo que tenía a las maestras dedicándole gran parte de su tiempo, descuidando en esos momentos al resto de la clase. El pequeño vivía con su padre, de aproximadamente 40 años, y su abuela paterna, quien se hacía cargo de la crianza. Además de la sesión de inicio en donde el padre me explicó que se habían mudado hacia dos meses a la ciudad de México, únicamente tuve dos sesiones más con Juan. Durante estas intervenciones se hizo evidente que el niño había sufrido constantes cambios de domicilio y, por ende, de escuela. El niño llevaba la cuenta de cinco colegios en diferentes ciudades.

Al preguntar a la abuela paterna sobre la madre del pequeño la señora se limitaba a responder “no está”, y cuando yo trataba de investigar un poco más al respecto, tanto la señora como el padre respondían con evasivas. Al finalizar la segunda sesión y darme cuenta de la falta de estructura que imperaba en la vida de Juan, pedí tanto al padre como a la abuela me concedieran una nueva sesión en donde pudiera compartirles algunas preocupaciones sobre Juan. Al continuar las evasivas con respecto a la madre del niño, les pregunté de manera directa si se habían robado al pequeño[2]. El padre terminó por reconocer que llevaban huyendo de la justicia desde hacía cuatro años. Comentó que se había llevado al pequeño por fricciones con su ex-pareja y prefería seguir huyendo toda la vida antes de compartir al niño con su madre[3], quien, según él, no había demostrado ser un buen ejemplo para su hijo al tener diferentes parejas. Intenté llevar la conversación hacia lo que su hijo pensaría de ellos al crecer y cuando ya no pudiera impedir que su madre lo contactara, a lo que respondió que no se iba a preocupar por algo que no estaba pasando en el momento. El padre terminó comentando que de todas formas se tenían que cambiar de residencia aproximadamente cada 5 o 6 meses, así que solamente necesitaba que el niño pudiera estar en la escuela los dos meses que quedaban de clases.

Para mi el dilema en este caso se refería, por un lado, a la preocupación que me generaba saber que el espacio terapéutico era un lugar seguro para Juan y que de alguna manera podríamos trabajar en construir herramientas de convivencia dentro de la escuela; por el otro, saber, en primer lugar, que al trabajar en este caso me estaba convirtiendo en cómplice de un delito y, en segundo lugar, la incomodidad que me generaba que la razón por la que se cambiaban frecuentemente de residencia, era que la madre de Juan no lo había dejado de buscar un solo momento, lo que me llevaba a pensar que era una madre preocupada por su hijo, y que yo no estaba contribuyendo a que pudiera encontrarlo.

Al revisar la historia de los valores que se veían vulnerados ante esta situación, y que me llevaban a este dilema, descubrí que están sustentados en parte de mi historia y en aspectos familiares de los cuales me siento orgullosa. No obstante, a pesar de haber revisado mi dilema y la historia que sustenta cada uno de esos valores, no me sentía capaz de tomar una decisión. Fue en el momento en el que me di cuenta que si yo trabajaba en este caso estaría siendo no únicamente cómplice de un delito, sino que también estaría tomando una actitud pasiva ante la violencia que el pequeño Juan y su abuela vivían al no tener posibilidad de protegerse de las acciones que el padre tomaba para, según él,  “proteger a su hijo” de su madre.

En ese momento tomé la decisión de no seguir trabajando en el caso, le expliqué a los señores que aceptar tomarlo me convertía en cómplice de un delito con el cual no estaba de acuerdo, además de que pensaba que con una situación como la que estaban viviendo, el pronóstico sobre el bienestar  físico y emocional de Juanito era muy pobre. Decidí remitirlos a un paidopsiquiatra, intentando que hubiera alguien que pudiera ayudar al pequeño Juan con la ansiedad que experimentaba, a pesar de cambiar de residencia de manera constante, y con la esperanza de que eso le garantizara, al menos, no mudarse ni cambiar de escuela hasta finalizar el curso.

El caso de Juan y algunas otras personas a lo largo de mi vida profesional me han llevado a mantenerme atenta a los dilemas, la postura ética y los valores que me permiten caminar con mis consultantes, pero es el tema del abuso y la violencia, y la posible complicidad que puedo llegar a tener en ellos, lo que determina la postura política que tomo con respecto a los temas.

En resumen, el proceso que me permite tomar una postura política cuando me enfrento a dilemas éticos es:

1.     Nombrar el dilema o conflicto al que me estoy enfrentando.
2.     Identificar los valores que están siendo transgredidos en dichos dilemas.
3.     Revisar la historia que sustenta cada uno de dichos valores.
4.     Identificar los temas de poder y violencia y el papel que tienen dentro del caso.
5.     Tomar una postura política que me permita evitar transgredir mis propios valores al contribuir de alguna forma con la perpetración o con la invisibilización del abuso.

Cabe mencionar que este proceso, además de haberlo utilizado en mi persona en algunas ocasiones, lo utilizo con regularidad con mis consultantes cuando se enfrentan a dilemas éticos en su vida.



REFERENCIAS

Yuen, A., & White, C. (2007). Conversations about gender, culture, violence and narrative practice (1st ed., pp. 85-97). Adelaide: Dulwich Centre Publications Pty Ltd.
White, M. (2004). Adressing Personal Failure. Journal of Narrative Therapy. Dulwich Centre Publications.




[1] Todos los nombres han sido cambiados buscando cuidar la privacidad de las personas.
[2] A finales del siglo pasado no existían en México asociaciones conocidas, como alerta ámbar, que se dedicaran a la recuperación de niños perdidos. La única instancia conocida era la Procuraduría General de la República, que entonces tenía muy mala reputación con respecto a corrupción y aceptación de sobornos.
[3] Cabe mencionar que la abuela de manera personal me hizo saber que tenían contacto en los juzgados, quienes les avisaban cuando parecía que podían estar cerca de encontrarlos. Además, los datos que daban del niño y de ellos/as mismos/as con respecto a sus generales eran falsos, razón por la cual era muy difícil que les encontraran. Asimismo, cuando las escuelas les exigían llevar al pequeño a atención psicológica o médica, el padre prefería cambiarlo de escuela para no arriesgarse a que lo pudieran cuestionar por la situación del pequeño. Debido a esta información y a la claridad de que en muy poco tiempo se moverían de residencia, tomé la decisión de no invertir energía y tiempo en una denuncia que no prosperaría, y en su lugar buscar algún recurso que pudiera ayudar al pequeño a pesar de su situación.
lunes, 31 de julio de 2017

LA ÉTICA EN UNA EMPRESA SOCIAL


Por To Caltia (Betina Haiat, ed.)




Este documento resultó de responder a un mismo cuestionario, y se compone de diferentes voces: Lucero Morales, Maribel Zarco, Alejandra Usabiaga, Betina Haiat, María Eugenia Turrent y Manuel Turrent. En general, se trata de la postura ética que tenemos como empresa social[1].

De donde partimos.
Nosotros consideramos que en México, el Estado, intentando mejorar la economía, en los últimos tiempos generó nuevas leyes en donde otorga permisos a empresas privadas sobre bienes naturales de la Nación, recursos cuya explotación en la mayoría de los casos no contempla otorgar beneficios a la población de los lugares en donde se harán los proyectos. Actualmente hay algunas empresas que buscan ser respetuosas de los derechos humanos y naturales, pero en la mayoría de los casos, carecen de sensibilidad para hacerlo, así que se guían por las leyes diseñadas para este propósito que, por su parte, fueron diseñadas por funcionarios que en su mayoría desconocen sobre las prácticas de respeto y cuidado a las comunidades rurales, indígenas o suburbanas y por lo tanto la aplicación de las leyes; en la mayoría de los casos implica daño al territorio y a las personas. Un ejemplo claro de esta situación es la actual ley de energía que es poco clara en cuanto a tomar en cuenta la voz de las comunidades. 
Por otro lado, nos enfrentamos a las comunidades indígenas, rurales y suburbanas que han sido lastimadas en su dignidad, cultura y territorio por los diferentes Gobiernos y líderes a lo largo de la historia. La ceguera que como Nación vivimos, ha evitado reconocer y por lo tanto resarcir el daño que hemos generado en estas comunidades. Además, en algunos casos, las poblaciones han tenido que enfrentarse a la falta de cuidado de sus propios líderes quienes se han enriquecido a costa del beneficio comunitario, levantando un estandarte político que en última instancia únicamente les ha beneficiado a ellos. 
No menos importante es la participación de organizaciones civiles que han surgido con el objetivo de cuidar y proteger los derechos humanos y naturales de las poblaciones que a lo largo de la historia no han tenido voz. Sin embargo, en muchos casos estas organizaciones han llegado a tomar una postura radical sobre lo que ellas consideran “debería” ser el manejo de los recursos y la postura que las comunidades rurales, indígenas y suburbanas deben tomar, sin abrirse al dialogo y a la escucha de los intereses de dichas comunidades y sin explicar claramente las opciones reales con las que cuentan para alcanzar mejoras en las áreas de su interés.
La situación antes descrita ha generado que las comunidades continúen esperando recursos del gobierno que les permitan alcanzar sus sueños y esperanzas, sin saber que esta posibilidad cada vez se encuentra más lejana. Por lo tanto la esperanza debería estar basada en el aprovechamiento de los recursos del territorio de las comunidades, guardando un equilibrio entre el desarrollo rural y el empresarial, bajo el cuidado de los derechos humanos y naturales, creando asociaciones con empresas que cuenten con recursos para invertir, bajo el cuidado de las organizaciones expertas en derechos humanos y naturales, siempre con el acompañamiento de las instituciones gubernamentales. 
Así, vivimos en un país en donde los ricos son cada vez más ricos y como nación no hemos podido alcanzar el bienestar de las comunidades más pobres. Experimentamos día a día el enojo y la desesperación de quienes tienen menos oportunidades, viviendo situaciones en donde la búsqueda de bienestar les ha llevado a vivir en situaciones de mayor pobreza y abuso, o bien han optado por buscar su bienestar violentando el de otras personas. Los grupos y comunidades están cada vez más organizados para no permitir la entrada de capital privado en sus territorios. Esto deriva en enfrentamientos con claras desigualdades en el acceso a la fuerza (armas, estrategias de guerra, etc.).

A la vez hay cada día más grupos de policías comunitarias cuya tarea es la protección de sus familias, en principio, y de sus territorios, como una expresión clara de que las comunidades se han organizado para esta defensa.

El uso de la fuerza desde el Estado, en ocasiones de manera directa y en otras vinculado al crimen organizado, se ha ido normalizando; vemos enfrentamientos de este tipo cada día en las noticias, abonando a la desesperanza.

También consideramos que los conceptos de progreso con inversión privada o púbica no necesariamente son lo que necesitan los pueblos y las comunidades para ejercer sus autonomías y fortalecer sus figuras de gobernanza. El progreso, en la mayoría de los casos, entorpece la vida orgánica de las comunidades. Debemos separarnos de los discursos de progreso, desarrollo y bienestar pues están planteados de manera colonial, de arriba hacia abajo, anteponiendo los planes de quienes están en el poder (empresas y gobierno) por sobre lo que los pueblos y comunidades necesitan.

Consideramos así mismo que hoy estamos viviendo circunstancias preocupantes en nuestro país, podríamos decir que nos encontramos en una crisis del modelo vinculado al progreso, en el que el país pugna por generar una mayor ganancia económica que por una parte no llega a la población local y por otra parte genera despojo y agresión hacia los habitantes de la tierra.

Por otro lado, a nivel mundial, hoy más que nunca las diferencias económicas están llevándonos a situaciones inaceptables. La distribución de la riqueza es la más injusta en la historia de la humanidad.

Consideramos que la intransigencia entre las personas y los grupos ha ido en aumento. Hoy tenemos varios líderes en México y en el mundo que no escuchan, que no están dispuestos a negociar, que solo parecen dar importancia a sus propias verdades.

Y la solución de los problemas, cada vez recae más en la confrontación donde el poder y el dinero son los que tienen mayor fuerza. Las decisiones importantes para la humanidad las toma un circulo de personas que no necesariamente deciden lo mejor para la sociedad y para el planeta. Esto solo provoca enfrentamientos, luchas de poder y distancia entre los grupos. Pareciera que vivimos en un  mundo y un país que se encuentra dividido, los ricos, los pobres, los buenos, los malos, los conscientes, los inconscientes, los que cuidan, los que descuidan…


Nuestra propuesta.

Frente a las circunstancias descritas, nuestro trabajo en To Caltia en este momento social, político y económico de nuestro país y del mundo, cobra importancia relevante, ya que buscamos que estos mundos antagónicos (empresas y comunidades) se conozcan, aprendan los unos de los otros y lleguen a acuerdos en beneficio de ambos, del país y del mundo.

Buscamos realizar un trabajo de reflexión y análisis con las empresas con el fin de que tomen en cuenta dentro de sus procedimientos una relación igualitaria con las comunidades dueñas de la tierra con quienes se relacionan, que sepan que tener la concesión del gobierno no es una vía rápida para hacer uso del territorio y que es necesario consultar a los Stakeholders antes de invertir, pues de lo contrario, se convierten en acciones de despojo con riesgo además de hacer ejercicio de la violencia para estos fines.

En To Caltia buscamos poner a dialogar las diferentes posiciones hasta encontrar una coincidencia. Creemos en la posibilidad de encontrar caminos compartidos en estos momentos de tan grandes antagonismos. Nuestro trabajo plantea una mejor distribución de la riqueza, igualdad de oportunidades y protección de la ecología y de las culturas.

Reconocemos que cada grupo se encuentra en el lugar al que sus circunstancias y su historia le ha llevado, sabemos que cada uno lucha por su verdad, y reconocemos que todas las verdades son ciertas; pero también sabemos que todos y todas necesitamos del resto para poder vivir en un mundo más armónico, que el desarrollo y el progreso dependen de la unidad y el cuidado mutuo.

También nos interesa el trabajo con las instancias de gobierno, pues creemos que las políticas públicas tienen que cambiar de enfoque, del asistencialista-abusivo al de colaboración y de ganancia para todos los grupos.

Nuestros retos, dificultades y dilemas.

Los mayores retos y dificultades a las que nos enfrentamos son la gran diferencia de poder entre empresarios, gobierno y comunidades, lo que hace que la cancha no sea pareja y genere una sensación de desesperanza, falta de ilusión, escepticismo, decepción. Así mismo la existencia de prejuicios, de discriminación racial, de clase y de género en el país y en el mundo son grandes retos que buscamos vencer.

Nos encontramos con un camino en donde el bienestar de unos y unas pareciera implicar el malestar u opresión de otros y otras, con una situación en donde nadie piensa en ¨cómo si¨ podrían hacerse las cosas. Sólo se piensa en las divisiones, las diferencias  y en lo que separa a las personas.

Por lo tanto, nuestros principal reto es emparejar una cancha que se encuentra totalmente desproporcionada, encontrar este centro más conveniente para dos partes que quieren resolver un conflicto, dar voz a quien no la tiene porque se le ha robado, logrando que los acuerdos y negociaciones siempre se realicen en el centro de la cancha, en donde todas  las personas que los integran se encuentren a la misma altura.

Otro reto es tener creatividad e ingenio para proponer alternativas de solución sin pasar por encima de nuestros conceptos madre. No queremos repetir en nuestro trabajo las pautas anteriores de poder, abuso, opresión, sumisión, desconfianza, desesperanza, escepticismo; y debemos tener un gran cuidado para que los intereses de todos los grupos estén protegidos. Debemos ser muy consientes de los privilegios de todas y todos los participantes, incluyendo los nuestros y visibilizarlos. Es nuestro deseo conciliar, encontrar puntos en común, reconocer y trabajar con los recursos de cada una de las partes, ser lo más justxs posible al dar un fallo o una alternativa de solución sin afectar o favorecer a ninguna de las partes.

El no dejarnos dominar por la desesperanza imperante es fundamental y poder mantener la convicción de que siempre hay una forma de entendernos. Uno de nuestros retos es lograr asertividad para que quien paga nuestros servicios no sea nuestro único cliente y que no piense que por pagar tengamos que darle la razón siempre, sino que, tanto quien paga como quien no paga sepa que vamos a trabajar a favor de todos y todas y no sólo de los intereses de uno, buscando credibilidad al respecto.

Nuestro valores, sueños y esperanzas.

Nuestros principales valores son:
·      El respeto a nuestros pueblos originarios;
·      El visibilizar las fortalezas de los grupos con quienes trabajamos ya que reconocemos que todas las personas tienen saberes valiosos que les permiten cuidarse a si mismas y a sus comunidades;
·      Contradecir la historia única de la pobreza y de muerte;
·      Contradecir la historia única de ricos abusando de su poder sobre  pobres.
·      Contradecir la historia única de que la pobreza significa ignorancia y falta de capacidades.
·      Preservar los bienes naturales y el derecho de uso para quienes los habitan, sabemos del valor del territorio para las comunidades, como uno de los tesoros más preciados, por lo que cuidamos de su aprovechamiento en beneficio de ellas.
·      Reconocer el derecho a decir NO de los pueblos y que este derecho sea respetado.
·      Buscar la transparencia en la información.
·      Reconocer los temas de poder y privilegio; reconocer cuando las personas han sido transgredidas en su dignidad y en sus derechos es una tarea fundamental para emparejar la cancha, por ende buscamos siempre la mejor manera de resarcir los daños pasados y presentes.
·      Otros valores importantes de nuestro equipo son: la diversidad, la honestidad, la igualdad, la libertad.

Por otro lado, reconocemos el esfuerzo, dedicación y conocimiento de organizaciones, instituciones, empresas y gobierno, por lo que valoramos el acompañamiento y enseñanza de cada una de estas partes cuando trabajamos en proyectos en donde se ven involucrados.

Ponemos nuestra energía y dedicación en crear puentes entre las entidades involucradas en los proyectos en donde trabajamos y buscamos el beneficio justo para cada una de las partes.

Trabajamos desde la trasparencia, sin agendas ocultas y sin inclinación de lealtad hacia ninguna de las partes. Consideramos que la comunicación clara y abierta es la herramienta más poderosa con la que contamos. Buscamos que los intereses y valores de cada una de las partes sean escuchados y valorados por las demás. Todos los actores involucrados en los proyectos se convierten en nuestros clientes, razón por la cual les entregamos nuestro respeto y lealtad.

En cuanto a los sueños, definitivamente soñamos con una sociedad más justa, más incluyente, menos polarizada, donde la gente se escuche, donde haya más horizontalidad. El que cada quién desde sus ideas, su cultura, su idioma pueda encontrar un lugar para coincidir. Soñamos con un mundo sin violencia, sin discriminación y más equitativo. Una sociedad en la que se respeten los Derechos Humanos y la Ecología, logrando desarrollo y beneficios para todas las partes. Creemos que negocio no tiene que significar abuso y que la ganancia no sólo tiene que ser para quien es el dueño del negocio.

Nuestros sueños tienen relación con un mundo más justo donde la violencia no tenga cabida y donde la justicia prevalezca sin favorecer al más poderoso.

Nuestra esperanza es lograr que el conflicto se resuelva a través del diálogo y el entendimiento de las personas y de estas con el medio ambiente.

Al crear puentes entre grupos antagónicos queremos conciliar no solo intereses, también sueños esperanzas, ilusiones, deseos… que nos lleven como sociedad al lugar en donde deseamos estar como nación.

¿Por qué creemos que podemos hacer una diferencia?

A diferencia de otros grupos que no creen en una posible conciliación, nosotros sí creemos que es posible. Creemos que son más las coincidencias que las diferencias entre los grupos. Porque nos ponemos en los zapatos de unas y de otros. Porque creemos en la multiparcialidad. No queremos caer en la trampa del NO SE PUEDE. Pensamos que se pueden crear puentes entre grupos antagónicos, y sabemos que en estas interacciones no hay “buenos ni malos”. Sabemos que si los grupos se conocen y aprenden unos de otros, los conflictos se resuelven y se logra una relación equitativa.

Sabemos que los problemas son los problemas y las personas son las personas y esto nos permite poder negociar, conciliar, coincidir, puesto que los problemas se hacen presentes para negociarlos, para resolverlos, para disolverlos, situación que se logra cuando las personas trabajan desde un lugar de seguridad en donde saben que son cuidadas de la misma manera y con la misma fuerza que a cada una de las otras partes.

El ser un grupo interdisciplinario que respeta y fomenta el diálogo como principal herramienta para la negociación hace que podamos hacer esta diferencia.

Una imagen o metáfora de lo que hacemos.

Es como un trabajo de hormiga, que paso a paso vamos incidiendo en empresas que estén dispuestas a realizar buenas prácticas.

Tratamos de sacar a los grupos de sus diferentes trincheras  y creamos puentes entre ellos. Puentes entre dos porterías de una cancha pareja que nivelamos. Puertas, en donde otros y otras han construido muros.

Las circunstancias actuales son como un carro en donde cada una de sus llantas se dirige hacia un lugar diferente, y lo único que estamos consiguiendo es mantenernos estáticos, ninguna de las partes está avanzando al lugar a donde desea llegar. Queremos buscar lugares coincidentes de bienestar personal y comunitario.

Lo primero que pienso al leer el documento, es que estas cosas las hemos estado hablando durante toda la vida de To Caltia y cada una de nosotras se ha puesto estas ideas e ideales en todos los aspectos de la vida. Es por eso que el cuestionamiento de lo que hacemos, de pronto cala mucho, porque hemos construido estas ideas durante tanto tiempo, con logros y con fracasos, con acuerdos y desacuerdos, con muchísimo aprendizaje, que parece que nos lo hemos aprendido, aunque creo que más bien lo estamos viviendo todos los días, en nuestro trabajo.

Tal vez pensamos que perseguimos una utopía y, como dice Galeano, hay que seguir caminando.

Y es curioso que, siendo tan diversas en nuestro origen, creencia religiosa, inclinación política, vida familiar, etc., hayamos encontrado este lugar en donde coincidimos todas y creo que somos el ejemplo claro de que se pueden crear puentes, se pueden abrir puertas en los muros… porque cuando encontramos lugares en donde coincidimos, podemos trabajar hacia donde queremos ir y, me parece, que esto es lo que hacemos en el trabajo con las comunidades-empresas-organizaciones-gobierno, buscar el lugar en donde coincidan para caminar hacia los lugares en donde cada quien quiere estar.

Creo que nuestro papel se puede volver muy importante en este momento del País y del mundo, tan claramente descrito en el documento, y es por eso que me resulta crucial que no paremos de reflexionar sobre estos temas y que no dejemos de poner los cuestionamientos en la mesa, porque esa es la forma en que podemos tener claridad en nuestro trabajo y en las cosas que queremos perpetuar en nuestras intervenciones.







[1] Pueden contactar a To Caltia a través de su correo electrónico: contacto@tocaltia.com o visitando su página web: http://www.tocaltia.com/

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